Estaba escrito en nuestros ojos, ambos sabíamos a lo que iríamos a llegar. El estrés de la rutina, la ansiedad de aventurarnos por primera vez a una salida los dos solos. Tu amiga, tu amigo, Todas las fuerzas apuntaban hacia un mismo fin.
Te comportaste confiado, te me acercabas con un semblante tranquilo, seguro. Yo respondía a tu juego, aceptando tus regalos sin mayor interés, pero avanzando contigo a paso raudo a nuestro objetivo.
Los cuatro nos fuimos avanzando abrazados en la tranquilidad de la noche, teniendo sólo a los típicos perros guardianes como testigos de nuestra existencia.
Plenitud, felicidad, una nueva experiencia en mi vida, mientras caminábamos por la calle como dueños de la noche, gritando y riendo.
Poco a poco los demás acompañantes se dieron cuenta que la segunda etapa de la noche sólo pertenecería al grupo de nuevos amigos. Y así fue, al final del recorrido solamente tu y yo llegamos a la casa, seguido por los nuevos efímeros enamorados. La casa estaba intacta, tal cual siempre la tienes cuando derrepente me decidía por guiar mis pasos hacia para ir a verte. Expelía esa sensación de seguridad que siempre me ha fascinado, en donde las palabras fluyen como gotas de agua en una tormenta al anochecer, y la calma se apodera de mi mente. - Ese lugar siempre ha sido un santuario para mi, una terapia en donde tu eras mi medicina y tus tratos eran mi energía.
Llegamos y acomodamos la pieza para nuestros invitados, pues sabíamos que esa noche sería para dos. Me acosté rápidamente al costado de tu cama, robando tu lugar preferido. Se supone que dormiríamos, pues hace tiempo ya había terminado la salida nocturna, pero nadie quería hacerlo realmente. Entre conversas y bromas, tu amigo sacó una reciente compra de $15.000, era un papelillo de 5x5mm, de pequeño tamaño pero de altas promesas. Lo dividimos en cuatro y sin pensarlo dos veces, cada uno puso un trozo cortado bajo su lengua, a la espera del ansiado efecto alucinógeno. A la espera nos quedamos en silencio bajo una música ambiente.
Cerramos los ojos y nos dejamos llevar por la música y las sensaciones, mezcladas con el borgoña y el efecto placebo de nuestro primer LSD. Las caricias empezaron a fluir, tocabas mi mano buscándola suavemente, mientras tu calor se irradiaba por mi espalda. Esa sensación la había sentido ya antes, sin embargo esta vez deje a un lado el control y nuestras manos se cruzaron en un juego de vaivén, tu mano con mi mano.
A mi lado los amigos dormitaban, quizás pendientes de nuestra comunicación sin palabras, o pendientes de lo que sería la historia que entre ellos trazarían. Su presencia luego se me fue olvidada, al momento de girar hacia tu lado y acercarme a tu rostro, mientras con caricias acercábamos nuestros labios. En ese momento ya no hubo vuelta atrás. Y ahí quedamos, presos de nuestros movimientos y nuestras acciones, presos de un tabú para los dos, presos de algo llamado pasión.
Seguimos así por harto tiempo, sin palabras. Tus amigos aullaban y nosotros reíamos, escondidos entre las sábanas que no los tapaban a ellos. Algún comentario de vez en vez para bajar la tensión, algún beso rápido entre caricias, sin sentir moretones ni el tiempo pasar, hasta que el sueño nos rodeo finalmente.