Jean-Baptiste Grenouille
nace un día caluroso en uno de los lugares más pobres y sucios de París, en
la feria donde trabajaba su mamá, una joven de 20 y tantos años que ya había
tenido 4 hijos anteriores pero que todos habían muerto de la misma manera,
ahogados en la basura de la feria. Sin
embargo, este personaje es el único que, ansioso por vivir, llora por ser
escuchado y logra ser rescatado al mismo tiempo que condenan a su madre a la
horca por infanticidio frustrado.
Toda su infancia la vive entre distintos conventos, en los
cuales nunca logra adaptarse, debido a que es especial, pues no presenta olor
alguno. Por esto mismo es que las mismas nodrizas y demás huérfanos lo
consideran un ser extraño, por no decir un monstruo. Grenouille entonces, se
aísla en su mundo de olores, y es a través de su olfato fino que empieza a
descubrir el mundo.
Grenouille se caracteriza por ser una persona paciente y
sigilosa, sobreviviendo siempre con las mínimas condiciones. Su ser se había
adaptado a tal punto que no necesitaba (o nunca necesitó) una muestra de
cariño, ni la seguridad de un hogar. Casi por instinto supo que nada de eso
serviría si realmente quería sobrevivir. Era como una garrapata,
completamente inmóvil y paciente esperando tiempos mejores, con una capacidad
de adaptación sorprendente, sin dejar su objetivo de lado, la sobrevivencia.
Asi estuvo por 15 años, trabajando arduamente y sin oponer
resistencia y esperando cautelosamente tiempos mejores. Hasta que al fin por primera
vez siente un aroma tan fascinante e indescriptible para su gusto, que absorto
por su contenido, busca desesperado la fuente que lo emanaba, hasta dar
finalmente con una pequeña pelirroja de unos 13 años. Sin pensarlo dos veces,
se abalanza sobre ella y la asfixia entre sus dedos, acallando el grito mudo de
sus labios, sin que nadie se enterara. Se entregó por completo al disfrute de
su aroma. Sus
axilas, su cabello, su sexo, todo era un destello de placer para el joven
Grenouille, a tal punto que todos
los olores descubiertos anteriormente pasaron a ser nimios frente este perfume.
En esta etapa de la novela Grenouille empieza a trabajar en
la biblioteca de sus aromas de manera más sistemática, no desordenada como
antiguamente, cuando sólo se enfocaba en descubrir los aromas, sino que, de
manera profesional, clasificándolos uno a uno y perfeccionando la clasificación
hasta lograr construir los primeros edificios odoríferos.
Por cosas de la vida, o por el ímpetu por lograr su
objetivo, Grenouille conoce uno de los perfumistas más célebres (en otros
tiempos) de Paris, Giuseppe Baldini, al cual logra sorprender con sus habilidades
en la creación de un perfume, lo que para el decadente Baldini es la solución
para su futuro incierto. Grenuille entonces se queda trabajando con él, aprendiendo
el arte de la destilación para la obtención de aceites esenciales a cambio de
devolverle la fama al viejo perfumista.
Para Grenouille era un paso más cerca a su objetivo, pero
algo lo frenaba, la incapacidad de obtener más fragancias que la de las flores.
Esto se transforma en un tormento para el por lo que decide viajar a otras
tierras en busca de nuevas herramientas.
Durante el viaje, se da cuenta de la existencia de un mundo
sin el repugnante olor humano. Guiado por su olfato, entre las montañas encuentra
una cueva la cual será su morada por casi 7 años, en donde se dedica a
disfrutar de todos los aromas que había descubierto y conservado en su memoria.
Sin necesidad de comida ni abrigo, destapa cada frasco que había guardado en el
“reino de Grenouille” en donde él era el rey. Al momento de disfrutar el último
aroma, sufre un remesón al darse cuenta por primera vez que sin ellos no había
nada, pues su presencia no tenía olor y, por lo tanto, no tenía identidad. Atormentado
por su descubrimiento, decide entonces volver a la civilización.
En Grasse vuelve a sentir un aroma que descoloca su ser, sin
embargo, esta vez no comete el error anterior de abalanzarse sobre él y
disfrutarlo hasta que se pierda en su memoria, esta vez decide esperar a que
florezca y se presente en todo su esplendor, para así poder encasillarlo como
su más grande tesoro.
Como anillo al dedo Grenouille encuentra un nuevo trabajo en
una pequeña perfumería de la zona, donde se le entrega una pequeña cabaña donde
poder pernoctar y nuevamente obtiene conocimientos nuevos de cómo obtener las
anheladas esencias de las cosas. De la mano de Druot aprende a encasillar los
aromas mediante el calentamiento de grasa de vaca o cerdo, adición de alcohol y
su posterior destilación para así obtener la esencia pura de las cosas. Y como en sus inicios,
nuevamente e adecua a la situación de manera extremadamente servicial y
humilde, obteniendo así la confianza de su maestro para aprender hasta el más
ínfimo detalle de la técnica del enfleurage.
Grenouille era un maestro en la manipulación de las
personas, se dio cuenta que a través del olfato nadie podría detenerlo, puesto
que era el único sentido que no se puede omitir. Elaboró entonces diversos
perfumes para diversas ocasiones, de manera tal que cuando necesitaba estar
solo podía dedicarse sin molestias completamente a su investigación de aromas.
Después de un año de perfeccionar la técnica, probando con
innumerables otros objetos para confirmar la factibilidad de la técnica, Grenouille
decide emprender su mayor odisea en busca de la creación del perfume perfecto.
No había olvidado el aroma que había sentido al llegar a Grasse, y ahora que
cada vez se hacía más intenso apremiaba la necesidad de preparar un “diadema fragante en cuya parte más elevada
refulgiera su aroma, mezclado con otros pero dominándolos a todos”. Empieza
entonces una real cacería de mujeres. Castas y de una belleza inigualable, una
a una aparecen sin vida, desnudas y sin su cabellera hasta llegar a un total de
24, causando pavor en el pueblo.
Finalizada la primera etapa de su odisea, Grenouille se
enfoca en el último elemento faltante e inequívocamente irreemplazable, el
aroma de Laura
Richis, la más bella de todas. Logrado su objetivo y su perfume completado,
Grenouille se entrega y se enfrenta valiente a la horca, seguro de su perfecta
invención. En el dia del juicio se impregna sutilmente del aroma de su mayor
creación y todos los presentes caen de rodillas a sus pies, pues nunca antes
habían sentido tanto amor y devoción hacia una persona. De un momento a otro
Grenouille la garrapara, pasa de ser un monstruo a un Dios o un angel, ante las
miradas embriagadas y enloquecidas por amor.
Por primera vez en su vida se
siente amado, “él, Jean-Baptiste
Greouille, nacido sin olor en el lugar más nauseabundo de la tierra, en medio
de basura, excrementos y putrefacción, criado sin amor, sobreviviendo sin el
calor del alma humana y sólo por su obstinación y fuerza de la repugnancia,
bajo, encorvado, cojo, feo, despreciado, un monstruo por dentro y por fuera;
había conseguido ser estimado por el mundo” había logrado lo que desde
pequeño se le había arrebatado, puesto que no tenía olor y por lo tanto, no era
digno de haber sido tratado como los otros. Sin embargo, lejos de sentirse dichoso
de su triunfo, se da cuenta que realmente no los necesitaba, puesto que toda su
vida había sido él quien aborrecía a los hombres, por lo que “jamás encontraría satisfacción en el amor,
sino en el odio, en odiar y ser odiado”, ya que este había sido el real sentimiento
que había experimentado en su vida.
Decepcionado, vuelve al lugar
donde nació. Entre la putrefacción y la pestilencia, Grenouille se abrió paso
entre miserables, pordioseros, prostitutas y criminales, sin que nadie se enterara
de su existencia. Por segunda y última vez destapó el pequeño frasco,
salpicando su contenido alrededor de su cuerpo desencadenando inmediatamente un
aura angelical frente a la muchedumbre. Estupefactos, se abalanzaron sobre él
en un acto descontrolado de adicción, buscando como fuera un trozo de aquel
ángel en vida. Finalmente, su cuerpo devorado fue completamente borrado de la
faz de la tierra, y los protagonistas de aquel tan macabro acto no tenían más
que un sentimiento de felicidad extrema, sin rastro del menor remordimiento,
orgullosos en cambio, pues “por primera
vez habían hecho algo por amor.”